“Amalia” siempre renace*

La novela Amalia fue una fuente constante para la inspiración artística nacional. En 1914, basándose en esta obra literaria, se realizó el primer film en Argentina. Después de un siglo, el Festival de Cine Bafici estrenó una copia restaurada. Por último, hacia mitad de 2017, dio pié a un notable espectáculo teatral de Mariana Chaud. Como el Ave Fénix, Amalia siempre renace.

Primeros días de diciembre de 1914. Buenos Aires se preparaba para recibir entusiastamente el primer largometraje de ficción nacional exhibido en el Teatro Colón: Amalia.  Esta extensa novela escrita por el famoso poeta José Mármol desde su exilio uruguayo, en 1851, había aparecido por entregas espaciadas en el suplemento literario de La Semana de Montevideo. Al representar un alegato en contra de Juan Manuel de Rosas, por entonces gobernador de Buenos Aires, alcanzó una significativa resonancia en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XIX.  Tanto es así que fue considerada la primera en su género. Si bien hubo otras de importancia publicadas años más tarde,Amalia representó una de las novelas-folletín que alcanzó un fuerte fervor popular, al mantenerse a través del tiempo hasta mutar en diferentes versiones en el presente. Bajo el manto del romanticismo local, la historia se sitúa en Buenos Aires a comienzos de 1840, inspirada por el rosismo, y relata el amor entre la protagonista y un joven intelectual unitario, perseguido por La Mazorca: un pesado aparato policial que sujetaba los hilos de la subversión latente hacia el hábito de la obediencia.

Con una duración de 79 minutos, en 1914 se estrenó la película Amalia. La dirección estuvo a cargo del célebre dramaturgo Enrique García Velloso, quien intervino con criterios avanzados tanto en la puesta en escena como en la ambientación histórica. Curiosamente, o no, el film desdibujaba un poco la figura dictatorial de Rosas que había construido Mármol, cambiándola por una mucho más humana. De acuerdo con la prensa de la época, su éxito fue rotundo. En efecto, el valor de la platea se fijó en quince pesos, cuando en los cines del centro de Buenos Aires se pagaban apenas veinte centavos. La idea inicial consistía en rodar un film con el único designio de reunir fondos a partir de una historia de “tinte romántico, sin grandes problemas pasionales, bien argentina y tradicionalista”.

Para abaratar costos, los personajes fueron interpretados por los propios señoritos y señoritas de la oligarquía porteña. En algunos casos puntuales, llevaban escudos y oropeles por sus antepasados patricios. Como era habitual en el cine mudo, los actores exageraban los gestos y movimientos como una forma de hacerse entender mientras recitaban textos breves y explicativos de la acción.

Pasaron los años y en un contexto histórico bien distinto, al cumplirse su centenario, Amalia se reestrenó en 2015 dentro del marco del 17° Festival de Cine Independiente BAFICI. Para estar a tono con ese revival, se eligió nuevamente el Teatro Colón con música en vivo de Adrián Iaies Trío.

Esta compleja tarea de preservarla estuvo a cargo del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken y también de la Fundación Cinemateca Argentina. Si bien incompleta, se resguardó  la única copia existente en el país, en 35 milímetros, en nitrato y virada a diversos colores. Algunos rollos se encontraban en muy buen estado, y otros presentaban distintos grados de deterioro físico. A la vez, existía otro negativo en 16 milímetros, en blanco y negro. A partir del compromiso entre ambas instituciones, y merced al profesionalismo del investigador Andrés Levinson, responsable de su restauración, se realizó una copia en HD. A la misma se le corrigieron los colores a tono con el original.

Y así, se proyectó la primera versión restaurada y digitalizada del popular conflicto dramático de la literatura argentina.

Dos años más tarde, a través de la “Convocatoria de proyectos teatrales para programación 2017” del Teatro Nacional Cervantes, Amalia vuelve histriónica y con claras marcas de su clase social. La directora Mariana Chaud, lejos del cuadro de época y del testimonio político de la novela, construyó una Amalia cuya historia transcurre a fines del siglo XX, pero aggiornada al siglo XXI: un retrato de aquello que no piensa morir pero también dando lugar a nuevas inscripciones para demostrar su perseverancia tenaz.

Amalia, una identidad a través del tiempo

A lo largo del siglo XX y del actual, hubo críticas de todo talante en relación a las diversas producciones de Amalia. Algunas de ellas publicadas en los principales diarios de la ciudad representaban pinceladas de ese entonces. Por ejemplo, bajo el título “El film Amalia”, el diario La Razón, del 14 de Diciembre de 1914, describía lo siguiente:

“… Hallábase anteanoche la sala del Colón excepcionalmente concurrida, como en las mejores solemnidades. Gran expectativa había despertado la proyección cinematográfica de Amalia, compuesta e impresa por iniciativa de la Sociedad del Divino Rostro y que ha tenido por actores a señores y señoritas de nuestra mejor sociedad.  La película Amalia ofrece un interés de documento histórico de bella reconstrucción panorámica de una época de antaño porteño, no bien estudiada aún. El film seduce también por el colorido y la riqueza de ambientes. En pocas obras se evocan mejor aquellos tiempos de Rosas, el espíritu social que animaba a los hombres que combatieron contra el tirano. Es difícil llevar al teatro, encuadrar en el marco escénico, novelas como Amalia, de tanto movimiento y agilidad en sus escenas y en la cual lo que seducen son los paisajes, los episodios, todo aquello que en la literatura se traduce por las amenas descripciones. El film encuadra con toda propiedad, justo que el cinematógrafo tiene la virtud de revivir el medio ambiente y sus figuras animadas. Ninguna obra mejor hubiera podido ser mejor interpretada por las niñas de nuestro medio. Hacía falta en nuestra vida colectiva una sensación como la de anteanoche en el Colón. Fiesta genuinamente aristocrática, en que se rindió culto a las tradiciones argentinas. En el cinematógrafo, lo principal consiste en la buena pintura de ambiente, y para ello se ha logrado eficaz colaboración femenina para elegir estilos de la época, reproducir minuciosamente las modas, los talleres de la vida cortesana. Digamos, por último, que la película está imitando con toda la nitidez que entre nosotros, por medio de la fotografía puede alcanzarse….”.

Mientras que el diario La Nación,  del 13 de Diciembre de 1914, en su apartado “Notas Sociales”, proponía que:

“… Quedó anoche plenamente satisfecha la larga e intensa expectativa que el anuncio del film Amalia había provocado en círculos sociales.

La sala del Colón hallábase completamente llena, como en las grandes veladas del invierno. Y de función de gala no tuvo solamente la de ayer el número y la calidad de la concurrencia, sino también la elegancia. La aparición de siluetas y figuras familiares fueron saludadas con aplausos llenos de cordialidad y simpatía. En estos aplausos que se extendieron hasta el final, no pesaban solamente los sentimientos amistosos de los espectadores, sino también su aprobación sincera por el desempeño de los improvisados intérpretes del film. El interés que la Amalia ofrece a nuestros días es un interés documentario antes que artístico…”.

Recientemente, el diario La Voz del Interior de Córdoba, del 24 de abril de 2015, concluye que  esta película de hace 100 años “transformó ayer viernes al Teatro Colón en un pasaje hacia el tiempo con la proyección especial de Amalia, la restaurada película argentina de 1914, en el marco del Bafici. El film de Enrique García Velloso pudo verse en el magnánimo teatro porteño en una nítida versión HD y con exquisito acompañamiento del Adrián Iaies Trío, que tocó desde un escenario al costado de la pantalla. Así, varios tiempos se fusionaron en uno, desde la música contemporánea y las renovadas técnicas de restauración que hicieron posible el prodigio hasta los 100 años que separan a la proyección de su factura original y la misma historia del film.”

En su momento, Amalia fue realizada por un dramaturgo y director escénico, por lo que tiene mucho de puesta teatral. A su vez, Mariana Chaud adaptó la novela muy libremente, bajo el título No me pienso morir. La revista Los Inrockuptibles, del 3 de julio de 2017, así lo expresa: “Muchas veces, la apelación a los recuerdos termina siendo vital para transformar un presente que nos perturba. O al menos para mitigar neurosis y pesares. Amalia, la singular protagonista de No me pienso morir lo sabe muy bien. Y entonces se entrega de lleno a reconstruir su historia con sus propios cánones. Como si la idealización funcionara en términos de bálsamo inmejorable a la hora de los balances”.

Por lo visto, el fantasma de Amalia pervive, seguramente mucho más allá de lo que habrá imaginado su autor, José Mármol.

 

 

* Artículo publicado con el título “Amalia, el eterno retorno” en el blog Damiselas en apuros.

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